Cómo elegir radiadores portátiles

Gracias a los radiadores portátiles no será necesaria una gran inversión de dinero a la hora de aumentar el confort en casa cuando con el sistema de calefacción no tenemos suficiente.

elegir radiadores eléctricos

Distintos tipos de radiadores

Un radiador eléctrico no necesita instalaciones ni obras de ningún tipo, solo enchufarlo a la red eléctrica. Además, su funcionamiento es muy simple: normalmente solo tienen un mando que sirve para seleccionar la potencia y la temperatura del radiador. Cuentan con sistemas de protección anti-heladas y contra el sobrecalentamiento. Suelen estar provistos de ruedas y un asa para facilitar su transporte. Se encuentran en el mercado radiadores fabricados en distintos materiales. Pueden ser hierro fundido, aluminio, acero o chapas de acero. Los radiadores de hierro fundido están en desuso y son poco prácticos; los de aluminio duran mucho y ofrecen un gran rendimiento; los de acero tienen los acabados más elegantes, y los de chapa de acero funcionan bastante bien y son muy asequibles.

El funcionamiento de un radiador está determinado por el material que calienta la corriente eléctrica que circula por su interior. Este puede ser una resistencia eléctrica, un fluido (agua o aceite, normalmente) o delgadas láminas de un tipo de piedra llamado mica.

Los radiadores de agua y de aceite son más baratos que los radiadores de resistencia eléctrica. En cuanto a rapidez, los radiadores de agua se calientan más rápido que los de mica, y estos más rápido que los radiadores de aceite. La principal ventaja de los radiadores fabricados con láminas de mica es que son los más ligeros y finos.

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Ajustar la potencia del radiador

Es muy importante elegir bien el radiador eléctrico que vamos a comprar, porque cada casa y cada habitación tienen unas características, y no todos se adaptarán igual a nuestras necesidades.

Debemos prestar atención al tamaño del radiador en relación con la estancia donde vayamos a ponerlo y, por qué no, a su diseño. La potencia de la máquina es clave para optimizar su rendimiento y su consumo.

No siempre el radiador más potente es el mejor ni el más adecuado. Por norma general, un aparato de 500W puede calentar perfectamente una estancia de hasta 14 m2. Si la habitación llega a los 20 m2, podemos optar por un radiador de 900W, y solo deberíamos comprar uno de 1.200W o más si la estancia que queremos calentar sobrepasa esa superficie.

Trucos y consejos

Cuando hace mucho frío, llenar la casa de radiadores, estufas, calefactores y otros sistemas de climatización no es la solución más inteligente. Hay algunas acciones previas que nos permitirán no vivir en un congelador sin que se dispare la factura de la luz: aprovechar las horas de sol para calentar la casa, evitar las corrientes de aire aislando puertas o ventanas o poner cortinas gruesas durante el invierno.

Podemos optimizar el rendimiento de nuestro radiador si evitamos colocar muebles delante, ya que absorberán gran parte de su calor. Si los techos de la habitación son altos, poner una repisa o un estante a poca distancia del radiador ayuda a canalizar el calor y evitar que el aire caliente se disperse.

Instalar un panel reflectante por detrás del radiador es una idea que suele dar muy buen resultado. Esto hace que el calor no se filtre por la pared y se canalice hacia el interior de la estancia. Una versión casera y muy barata de este truco consiste en utilizar papel de aluminio.


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