Cómo limpiar y descongelar el frigorífico a fondo

Los frigoríficos más actuales incorporan un sistema ‘no frost’, que impide que se forme hielo en sus paredes interiores. Pero los modelos más antiguos o básicos necesitan ser descongelados regularmente para no perder eficacia.

limpiar y descongelar frigorífico

Una vez al año

Aunque cueste trabajo creerlo, el hielo actúa como aislante térmico, y el frío que genera el condensador de una nevera o de un congelador llega con más dificultad a los alimentos si hay una capa helada en medio del camino. Por ello, los fabricantes de frigoríficos coinciden en que lo más recomendable es descongelar la máquina como mínimo una vez al año, o cuando la capa de hielo que recubre sus paredes internas supere los cinco milímetros de espesor.

El primer paso en el proceso de descongelación es vaciar completamente la máquina de comida y de hielo. Como el proceso puede durar varias horas, elije un momento en el que no la tengas llena de productos para que no se estropeen. Después, desconecta el frigorífico. Para eliminar el hielo del congelador, no es necesario esperar a que se derrita. Utiliza un secador de aire caliente o recipientes con agua hirviendo en su interior para ayudar a que se desprenda el hielo de las paredes.

Prácticas más aconsejables

Recuerda que el hielo que se haya podido formar en las paredes de tu frigorífico o congelador no va a desaparecer sin más. Algunos modelos incorporan un sistema de evacuación que lleva el agua a una cubeta. Pero si no es así, conviene que permanezcas atento al proceso, y dispongas a mano de un baño, una bayeta y una fregona para retirar el agua.

Para evitar problemas, recuerda desenchufar siempre tu frigorífico o congelador antes de derretir el hielo.

Cualquier interacción entre el frigorífico enchufado a la corriente y el agua caliente puede ocasionar averías, cortocircuitos o incluso descargas eléctricas. Y, por supuesto, evita emplear cuchillos, espátulas o cualquier otro instrumento metálico o afilado para retirar el hielo de las paredes internas de la nevera.

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¿Cuál es el procedimiento?

Una vez que hayas descongelado por completo el frigorífico, será el instante más adecuado para proceder a limpiarlo a fondo. Para ello, déjalo desenchufado y vacía por completo cualquier resto de comida. Puedes aprovechar para tirar todos esos botes, tarros y recipientes que llevan meses ahí dentro y que nunca te vas a comer.

Para coger confianza, puedes empezar por limpiar el exterior de la nevera. Para ello, frota las paredes con un paño mojado en agua y jabón, en una disolución de vinagre en agua, o en un producto de limpieza especial para frigoríficos. Aprovecha el mismo líquido que has empleado para la parte de fuera y limpia con él las juntas de las puertas. En ellas se acumula la mayoría de la suciedad, impidiendo que la nevera cierre herméticamente y, por tanto, gaste más energía. Dale la vuelta y limpia también todo el polvo y las pelusas que se han acumulado en las bobinas de la parte trasera.

Ahora que el exterior de la nevera está como los chorros del oro, vamos con el interior. Quita todos los cajones y todas las baldas, y frótalos enérgicamente con lo mismo que hayas utilizado para limpiar la parte de fuera.

Para las paredes interiores, puedes usar un poco de bicarbonato sódico disuelto en agua caliente. Así eliminarás cualquier rastro de mal olor.

Sécalo todo bien antes de colocarlo en su sitio, y busca la bandeja de drenaje. Suele estar en la parte inferior del frigorífico. Recoge todos los líquidos y suciedad que se haya podido almacenar allí.

Una vez limpio, vuelve a colocar los alimentos. Aprovecha para hacerlo de la forma más eficiente.


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