Cuidados para tratar la tierra antes de la siembra

tierra siembra

Para preparar la tierra para la siembra es indispensable limpiar la maleza, airear, mullir y abonar el suelo. Ahora es el momento de hacerlo.

Con la llegada de la primavera comienzan las tareas de preparación del jardín o el huerto para que las plantas puedan desarrollarse sin problemas. No obstante, antes de plantar debemos poner a punto la tierra que ha estado todo el invierno inactiva.


Acondicionar la tierra para la siembra

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Lo primero que tenemos que hacer es limpiar todo el terreno de piedras y malas hierbas que pueden dañar el cultivo de las plantas y hortalizas. Para hacer esta tarea es conveniente que la tierra no esté muy seca, ni tampoco excesivamente mojada. Debe estar húmeda para que sea más fácil arrancar las malas hierbas de raíz. Es una tarea pesada que podemos hacer con una azada removiendo la tierra o arrancando directamente las hierbas con la mano.

Eliminadas las malas hierbas es el momento de airear y mullir la tierra con una azada o motocultor. La tierra debe tener tempero para hacer esta función, lo que significa que no puede estar muy seca porque se hará polvo ni muy mojada porque se apelmazará.

Una vez removida la tierra tenemos que abonarla con nutrientes con materia orgánica para mejorar la composición de la tierra. Podemos utilizar mantillo o abono orgánico que además impide el crecimiento de malas hierbas. Si es la primera vez que cultivamos la tierra también podemos hacer un examen de su composición para saber cómo debemos nutrirla. Si utilizamos estiércol o compost conseguiremos aumentar la capacidad de la tierra para retener el agua.


Allanar el terreno facilita la siembra

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Después de nutrir la tierra, el paso siguiente consiste en allanar el terreno para facilitar la siembra. Con esta tarea se trata de deshacer los terrones de tierra que han podido formarse al arar o cavarla. Cuando la tierra está lisa se reparten las semillas por encima y se recubren con tierra, con sustrato especial o tierra universal. La cantidad de tierra que se pone por encima depende del tipo de semilla que queramos plantar, cuanto más grande sea la semilla, más tierra tenemos que poner.

Al hacer la siembra con semillas en lugar de plantar las plantas ya crecidas, conseguimos que las raíces profundicen más, se alimenten mejor y necesiten menos abono. Gracias a eso, la planta crece más fuerte y se aclimata con más facilidad a las condiciones de la tierra.

La siembra puede ser directa, depositando las semillas en pozos o surcos o directamente a voleo sobre la tierra, o puede realizarse la siembra en bandejas para en una segunda fase trasplantar las plantas a la tierra. En bandeja se siembra cuando son semillas delicadas que necesitan estar protegidas del frío, las heladas, la lluvia o los rayos del sol. Cuando son semillas grandes y fuertes se siembran directamente en la tierra.


Distintos cuidados para las diferentes tierras

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La tierra puede tener una textura más arenosa o arcillosa según abunde más en su composición la arena o la arcilla. La tierra arenosa es pobre y tiene el inconveniente de que no retiene el agua del riego. Es una tierra que sirve muy bien para plantar césped.

La tierra arcillosa, por el contrario, tiene mucha arcilla y es rica en nutrientes. Sin embargo, la tierra más adecuada para plantar es la que tiene textura franca, lo que significa que tiene el mismo porcentaje de arena y arcilla. La ventaja de esta tierra es que retiene la humedad y es rica para cultivar.



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