Un recurso renovable pero limitado

22 de marzo. Día Mundial del Agua

El pasado 21 de marzo, despedimos el invierno más seco de los últimos 70 años con la esperanza y las miras puestas en la recién estrenada primavera. Expertos en la materia estiman que, aún contando con una estación normal de lluvias, es probable que no se remonte el actual déficit de sequía acumulado.

Si bien es cierto que el mensaje ha calado en la opinión pública, también lo es que dicha preocupación no ha tenido su reflejo equivalente en el reconocimiento y asunción de la importancia de nuestro papel en el ciclo del agua, un proceso que se ha visto modificado históricamente para cubrir nuestras necesidades básicas, en algunos casos, y otras no tan vitales en otros.

Fuente de vida
El 70 % de la superficie de nuestro planeta está cubierta por agua y, como si de un capricho se tratara, el ser humano está constituido, a su vez, también en un 70% por el líquido elemento. Estos datos deberían ser suficientes para entender la dependencia vital que el ser humano tiene del agua, idea que queda aún más reforzada si entendemos que (de nuevo) el 70% del consumo de agua dulce a nivel mundial se destina a la agricultura, fuente fundamental de nuestra alimentación.

No podemos olvidar tampoco, que el agua es, además, fundamental en el día a día para el resto de nuestro consumo doméstico, para el mantenimiento de nuestras ciudades, para la ganadería, la industria, la producción de energía, así como resulta un medio idóneo para sustentar grandes vías de comunicación y vehículo de numerosas actividades con las que ocupamos nuestro tiempo libre.

La naturaleza ha contribuido a hacernos la vida más fácil obsequiándonos con un recurso vital, que permite no sólo nuestro desarrollo sino también del resto de especies que comparten con nosotros la tierra. Biodiversidad y agua son conceptos que caminan ineludiblemente unidos y que encuentran su máximo nexo de unión en los humedales, ecosistemas con múltiples funciones que van desde la regulación de las reservas de agua hasta la mitigación del cambio climático.

Con todo, y precisamente por ello, los recursos renovables como el agua deberían consumirse sin sobrepasar nunca el ritmo en que se producen. Las nubes, los ríos, los océanos y la lluvia están en contaste transformación y nos permiten disfrutar de este bien sin apenas percepción de interrupción.

La realidad, en cifras
Además de ser un recurso renovable, el agua también es un recurso limitado. No hay más que abrir nuestros ojos a las alarmantes noticias que a diario nos llegan del Cuerno de África o la actualmente muy mencionada región del Sahel, lugares donde acuciantes sequías ponen de manifiesto el desequilibrio existente en el mundo tanto en el acceso como en la disponibilidad del preciado bien.

Y es que según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante el siglo pasado la sequía causó más muertes que cualquier otro desastre natural. Los datos facilitados por esta organización y otros organismos internacionales nos permiten valorar la magnitud del problema. El hecho de que más de 800 millones de personas no tengan acceso a agua limpia y 2.600 millones no dispongan de saneamiento adecuado (casi un 40% de la población mundial) no nos puede dejar indiferentes. A pesar del incremento del acceso al agua potable en las últimas décadas, estudios de la FAO consideran que en 2025 dos tercios de la población mundial vivirán en condiciones de disponibilidad limitada de este recurso.

No cabe duda que esta carestía de agua vendrá acompañada por numerosas consecuencias, sobre todo si tenemos en cuenta que necesitamos consumir de 2 a 4 litros al día, dato significante pero despreciable si se compara con los 2.000 a 5.000 litros necesarios para producir los alimentos diarios de cada persona.

Cooperación y acción
Ante esta realidad y sus perspectivas futuras, la comunidad internacional lleva tiempo marcando pautas y planteando medidas que optimicen el aprovechamiento del agua. La Directiva Marco del Agua de la UE entró en vigor a finales del año 2000 con un objetivo muy ambicioso, que todas las aguas de los países miembros se encuentren ‘en buen estado ecológico y químico’ para el año 2015. En 2010 la Asamblea de las Naciones Unidas declaró como ‘un derecho humano más’ el acceso al agua potable y al saneamiento básico. Conseguir una garantía de esta índole requiere la cooperación internacional, y el compromiso de todos los grupos de poder.

No sólo la iniciativa pública e institucional suma sus esfuerzos en este campo. También las entidades privadas han de ‘mojarse’. Carrefour, apoya desde el año 2009 el proyecto ‘Alas sobre agua’ de SEO/BirdLife y en este tiempo ha apdrinado ya la recuperación de tres espacios protegidos en el Parque Regional del Sureste de Madrid, el Parque Natural de la Albufera en Valencia y en la Reserva Concertada de la Dehesa de Abajo en Sevilla.

Un esfuerzo individual
Pero para lograr grandes cambios hay que comenzar modificando también pequeños hábitos. La variación de nuestras costumbres puede también alterar el rumbo de una tendencia hacia el agotamiento.

Consejos tan repetidos y tan poco costosos como la elección de una ducha en lugar de un baño son fáciles de asumir aunque difíciles de incorporar. Tal vez no somos conscientes de que cada minuto adicional bajo el agua supone 10 litros suplementarios de consumo.

La reparación de fugas y grifos que gotean; la instalación de reductores de caudal, aireadores y cisternas de doble carga; la adquisición de lavadoras y lavavajillas de la clase energética más eficiente y su carga completa en cada uso; el empleo de barreños para lavar frutas y verduras y la reutilización del agua sobrante para el riego de nuestras macetas; la descongelación de alimentos en la nevera y no bajo el chorro del agua caliente; la reutilización del agua de la secadora de la ropa; la correcta gestión de medicamentos, pinturas, aceite usado y colillas en lugar de su eliminación por el desagüe, etc. son otros ejemplos del mismo tipo.

Y no sólo hemos de revisar nuestras costumbres domésticas. La FAO nos invita a reflexionar sobre la cantidad de agua que requiere la producción de nuestros alimentos con un lema muy sencillo ‘El mundo tiene sed porque tenemos hambre’ y unos datos reveladores: 13 litros para cultivar un tomate, 135 litros para obtener un huevo, 15.000 litros para la producción de un kilo de carne...cifras que nos informan y abren los ojos al mismo tiempo.

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